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lissy_aquarius
09 July 2015 @ 12:07 pm
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Este LiveJournal pasa a convertirse en SEMI FRIENDS ONLY por lo que todas las entradas relacionadas con el fandom, los libros, la música y demás frikadas que se me vayan ocurriendo son del dominio público.

Mi vida personal, si bien no es la gran cosa, pasará a ser un poquito más privada.

Son libres de agregarme dejándome un mensajito por acá. Si quieren conocer un poco de mis fandoms y mis manías visiten mi perfil.

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Banner por maple_destiny en hetalia
 
 
 
lissy_aquarius
-Creo que, poco a poco, invirtiendo mucho tiempo, me he ido creando un mundo propio. Y cuando estoy en él, yo sola, me siento hasta cierto punto tranquila y segura. Pero el hecho de haber tenido que construirme este mundo significa, en sí mismo, que soy ua persona débil, frágil, ¿no? Además, desde el punto de vista de la sociedad, mi mundo es algo insignificante. Parece una caja de cartón que un vendaval puede llevarse en un abrir y cerrar de ojos...


Todas las cosas que ocurren en la oscuridad. Mientras duermes. Mientras intentas no dormir. En tu único momento libre. Quizá, para muchos, el momento en que su trabajo (quizá de no mucho renombre en la sociedad) comienza. Haruki nos lleva de la mano a través de personas que parecieran no tener nada en común, pero que se van entrelazando. La chica que espera en un café, el chico que ensaya en una banda, la mujer que ¿duerme?, la ramera golpeada, el oficinista... y todas ellas sólo pueden coexistir precisamente porque se dan en el cobijo de la noche que parece larga, muy oscura, que produce miedo.

Y Haruki no interviene. Simplemente nos cuenta la historia. Son los personajes los que hablan, los que actúan, los que incluso callan. Y es en toda esta enredadera, que podemos conocerlos. Y saber que hay una parte de ese mundo donde, es a partir de la noche, cuando las cosas comienzan a ser realmente interesantes.

~

Hace muchos años, en México, una noticia escandalizó a la sociedad, ocupando los titulares de la prensa amarillista: las Pochianquis, mujeres poseedoras de burdeles que llegaron a gozar de cierto renombre, fueron acusadas de maltrato y asesinato de sus prostitutas (aunque ellas, en realidad, nunca mataron a nadie) Es una historia real, que Ibargüengoitia retoma con humor negro excelente y nos narra en Las Muertas donde nos deja conocer, a su manera, un poco más de las hermanas a las que él llama Baladro. Intrigas, corrupción, despecho incluso, esta novela es interesantísima, porque nos narra los puntos de vista de todos los que participaron. Y sí, llega a ser extrañamente divertida.
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Current Music: vivace ma non torpo - ヨハネス・ブラームス
 
 
lissy_aquarius
25 July 2012 @ 08:44 pm
Hay ciertas cosas que una aprende cuando viaja en autobús. Y no hablo de viajes pequeños, de esos que vas de pueblo en pueblo y duran unas escasas, cuando mucho dos horas o al menos, unos 60 kilómetros. Hablo de uno de esos viajes realmente largos, de esos que, como el mío, duran como mínimo, unas 18 horas. De esos en que pierdes hasta la noción del tiempo y donde la única manera en la que el tiempo puede pasar rápido es si tomas siestas prolongadas o pretendes perder el conocimiento.

Pero esa clase de viajes sirven, y mucho. Te ayudan a conocer esa parte de tu país que a lo mejor no siempre aparecen en los libros porque no es precisamente muy pintoresca. Bueno, quizá para los hipsters sí lo sea. Me di cuenta, viajando en autobús, de algunas cosas que igual y ustedes pueden ayudarme a enriquecer. 

+ Las películas son realmente malas. Es como si hubiera una sección en algún lugar dedicada especialmente a "películas que usted puede ver en un autobús". De superación, de niñas ridículas pretendiendo ser cosas que no son para acabar siendo más ridículas, de animalitos que hablan. Ese tipo de barbaridades.

+ El tiempo pasa más rápido si escuchas música.

+ La gente no habla. Quizá escuché una, dos conversaciones y eso porque habían niños cerca.

+ Los acentos. México tiene una amalgama de acentos extraordinarios. Como de hecho sigo en esta parte del sureste, aunque lejos de mi tierra, solamente al salir de mi territorio ya escucho diferentes maneras de hablar. Creo que sigo prefiriendo a los tabasqueños y esa manía suya de eliminar las "eses" o las "ces". Ya sabe' como habla' lo' taba'queño'. 

+ ¿Es que la comida de las terminales siempre, SIEMPRE tendrá sabor a plástico?

+ En los cruceros realmente una puede encontrar de todo. Desde peluches del Chavo del Ocho hasta aguas mágicas que curan mil enfermedades que uno ni siquiera sabía que tenía.

+ Creo que era la única perdedora paranoica que viajó, todo el tiempo, con cinturón de seguridad.
 
 
Current Mood: cheerfulcheerful
 
 
lissy_aquarius
17 July 2012 @ 08:32 pm
La vida me ha enseñado que todos los convencionalismos son una porquería y que para ser respetable primero hay que ser hipócrita. Lo mejor es hacer lo que a uno le dé la gana y no preocuparse por el qué dirán.


Selene obtuvo, en 1966, uno de esos premios a los que anhelaba toda niña y/o adolescente promedio: convertirse en Señorita México y representar a su país en Miss Universo, viajar por el mundo, hacerse famosa, sonreír ante las cámaras y fingir (y hasta vender) felicidad.

El reinado de Selene, como el de todas, no fue eterno y por supuesto, después de los reflectores, ¿qué es lo que queda?

Señorita México cuenta un poco esas dos versiones. La Selene que todos conocían y que ella intenta desmitificar a un reportero (quien después se habría de aprovechar de sus palabras, alterando la 'historia' original). Una Selene como cualquier chica: ingenua, provinciana, quien es arrastrada por familiares a un concurso donde vence sus inseguridades y triunfa. Una Selene que, después de su estrellato y de un divorcio, no le quedó más que convertirse en una 'artista de cabaret': feliz, plena, sastisfecha que contrasta enormemente con el departamento sucio y descuidado donde vive.

Otra versión, es la que nos cuenta ese narrador en tercera persona. La Selene que no sólo no era tan ingenua, sino que también sabía cómo utilizar sus encantos (por los que, aún así, solía sentirse insegura) y sabía la mejor manera de ascender. Y lo hacía. La Selene de verdad, la que está entre líneas.

Este libro precisamente me encantó por eso: la manera en la que uno como lector tiene que ir separando a la mujer que pretende ser y la que realmente es. Y además, de alguna manera, Selene es bastante agradable. Uno no puede terminar sino compadeciéndola, aunque probablemente eso no sea algo que a ella le agrade mucho...
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lissy_aquarius
13 July 2012 @ 10:08 pm
—No, no lo sé. Resulta sencillo enamorarse de ti hasta la locura —dijo Spade mirándola con apasionada vehemencia de los pies a la cabeza—, pero no sé lo que eso puede significar. ¿Acaso lo sabe alguien cuando se enamora? Pero supón que sí, supón que te quiero, ¿qué? Quizá no te quisiera el próximo mes. Ya me ha ocurrido otras veces, y no siempre ha durado un mes (...)


No se deje usted engañar por las aparentes dulces palabras de Spade. El detective Spade es el arquetipo del detective que quizás ustedes y yo hemos visto parodiado hasta el infinito: el tipo solitario recluido en una oficina de 2x2 metros, fumando cigarrillos, con los pies apoyados en la mesa, esperando que suene la campanilla con el próximo cliente. Y entonces lo hace y entra a escena una mujer hermosa, a todas luces frágil, que busca la ayuda de un detective que la socorra de un caso que, en apariencia, parece ser sencillo.

Leí hace mucho que hay dos tipos de detectives. Los de un grupo, son aquellos como Sherlock Holmes: analíticos, deductivos, detallistas. Y luego están los del tipo de Spade: rudos, más observadores que analíticos y que saben que pueden manejar al sistema y aún así salir bien librados. Saben su trabajo, pero tampoco se entusiasman mucho por las personas: lealtad a ellos mismos y cuidarse su propia espalda son sus reglas.

Y de esto va El halcón maltés, el ícono de la novela negra. Definitivamente, una de esas historias detectivescas que si bien no nos parecen la gran cosa (hay giros que una se espera) quien hace que valga la pena es Sam Spade. Si una desde el principio queda fascinada con su descripción y a veces nos parece un infeliz desgraciado que lia cigarrillos una y otra vez (creo que es una de las descripciones más recurrentes) al que queremos odiar pero al mismo tiempo, nos parece irresistiblemente genial, ¿no son esas emociones las que nos hacen querer más a un personaje y lo hacen aún más entrañable?

O es que los "malos" siempre han sido mi debilidad.
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lissy_aquarius
11 July 2012 @ 08:22 pm
Últimamente, sí. Ese sentimiento de "meh". Un poco indefinido, indescifrable y sin embargo, inherente a mí. Es el clima, quiero suponer. O es como las vacaciones se van acercando y no he hecho planes (porque, de todas maneras, nunca suelo hacerlos con tanta antelación). Quizá también sea ese, según yo, "nada que hacer" cuando en realidad sólo ando postergando el papeleo pendiente.

Es la indiferencia. Un poco la inercia.

O todo eso junto.
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lissy_aquarius
17 June 2012 @ 08:39 pm
Las Tres Leyes de la Robótica

1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto cuando estas órdenes se oponen a la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia hasta donde esa protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda ley.


"Yo, Robot" es uno de esos libros que no debería ser juzgado por su película. La comparación es mínima y hasta absurda, siendo que la historia en sí, no guarda relación con lo que se nos presenta en aquella película que ya no recuerdo cuando salió.

Aunque eso sí, debo admitir, es un excelente pretexto para buscar el libro y leerlo. Es adentrarse un poco en el mundo "futurista" que ha creado Asimov de una sociedad que ha pasado a depender casi completamente de las máquinas, tanto así que en ocasiones les cuesta diferenciar cuál es una máquina y cuál un humano.

La historia está dividida en cuentos, bajo el común denominador de que todos son producto de recuerdos de Susan Calvin, una "psicóloga" de robots. Así, básicamente las historias que nos va presentando son robots cuyas acciones entran en conflicto con las leyes que se supone deben de regirlos.

Uno de esos libros que tal vez, en un futuro, no sólo sirvan como entretenimiento, sino también para recordar hasta donde como humanos puede llegar nuestra dependencia hacia las máquinas... y qué tan dispuestas están ellas a tolerarlo.

¿Mi cuento favorito? "Razón". Porque hasta un robot puede enloquecer por fanatismo hacia un 'señor'.
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lissy_aquarius
Me gustaría encontrar la manera de contar lo que pasa desde el suelo, en el patio de la jodida cárcel de Tizapán. Contar la humillación, el miedo, el desconsuelo, la caída en picada de todo lo que uno creció creyendo que era para siempre. ¿Por qué me pasan, pues, tantas cosas torcidas? ¿Es porque estoy salado, nada más, o de verdad después me tocará contarlas?


Cuando "Éste que ves" entra en la edad de la punzada, no todo lo que pasa tiene que ser bonito. De hecho, NADA de lo que pasa es bonito.

¿Han escuchado hablar de la Edad de la Punzada? Aquella crisis existencial que los que ya superamos la mayoría de edad ya pasamos: la pubertad con todos sus demonios.  Esa época donde el infierno es poco comparado con lo que tenemos que vivir y el mundo se abre como un abanico de horrores donde cada círculo del infierno es peor que el otro y que cuando algo sale mal, como diría Murphy, no debemos confiarnos: todo puede ir peor.

Pero la pubertad también es esa época de descubrimientos: de enamorarte hasta que duela (literalmente), de hacer todas las estupideces sin pensar demasiado en el castigo. Esa época en que todo huele de manera diferente: la vida, la aventura, las tragedias.

Y tragedias, tristemente, es lo que sobra en este libro. Aunado a todo lo que el protagonista tiene que vivir con la escuela, su timidez, inseguridad y amigos idiotas; su vida familiar, que creía de cuentos de hadas, también sufre sobresaltos. Y sí, hay momentos en que uno se detiene y piensa, al igual que él: ¿de verdad está tan pinche salado que ni sus problemas lo quieren?...

Suele pasar. En esa época de nuestra vida, de hecho, todo suele pasar.
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lissy_aquarius
Entonces sintió que lo invadía el vacío: Me voy a morir, expresó, No es eso, comentó la voz, Es sólo una de las formas que tiene el hombre de percibir la soledad.


Dicen que hay obsesiones que duran toda la vida, como el amor. Obsesiones y anhelos que nos retienen en mundos decadentes que insisten en destrozarse en mil pedazos al compás de la realidad y entonces, no nos queda más que aferrarnos a aquello que puede ofrecernos salvación, mantenernos vivos.

Ocho minutos necesito David Valenzuela para encauzar su vida hacia la búsqueda de la Bruja Blanca. Ocho minutos que se convirtieron en un salvavidas y en la razón de su existir, a pesar de las adversidades, del México plagado por familias que se sienten dueñas del mundo, un mundo que aunque no es el actual, bien que se le refleja: sicarios, mafia, corrupción, guerrilleros, protestas, inconformidad. La bien prostituida y poco respetada Constitución siendo atropellada una y otra vez.

Y ahí va David, en inercia, en un mundo donde no siempre termina de encajar y donde la respuesta correcta siempre será la que los demás quieran escuchar. Pero él sigue avanzando, convencido de que esos ocho minutos con Janis no fueron ni serán los únicos y toda su existencia se vuelve un satélite que gira en torno a ella y sus acciones, aventuras, desventuras y la pérdida de unos cuántos dientes al final, lo que pretenden, es simplemente que él logre sobrevivir. Porque sólo así, ella podría preguntarle de nuevo: "Are you Kris Kristofferson?" y él, esta vez, tampoco respondería.
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